Elige el Camino en el cual no te perderás.


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Si buscas, aquí vas a encontrar.

Cuando llega el momento, el maestro aparece.

Que la letra sea una dulce fragancia y agrado para el alma.

 

 

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EXPERIENCIAS CON UN YOGUI

 

A Atmadeva

 

Por estar aquí,

prestar de lo Suyo,

indicarme el Camino,

enseñar con el ejemplo,

compartir su íntima poesía,

porque habló y me sonó Su Voz.

Por llevarme… ante La Presencia.

 

 

 

Índice

 

PRÓLOGO (por Padma).................................... 9

 

UN PREFACIO COMPUESTO

Capítulo   1.- La vibración de esta bendición...….. 11
    •  El testamento del Nagual (una perla)
Capítulo   2.- Ensanchar y sus antecedentes……... 18

 

EL LLAMAMIENTO Y  LA SANGHA
Capítulo   3.- La divina sincronía……………………… 34
Capítulo   4.- Prem Purusha Yoga……………………... 49
Capítulo   5.- Primeras sensaciones en Yoga…….. 58
Capítulo   6.- Gracias, mi Babaji………………………. 82
Capítulo   7.- La prueba………………………………... 94

 

EL YOGUI  Y EL YOGA
Capítulo   8.- Atmadeva: Alma de Dios…………… 103
Capítulo   9.- Puro Yoga……………………………….. 114
    •  ¿Por qué vegetariano?

 

CON EL YOGUI EN OTRAS CULTURAS
Capítulo 10.- Con el satguru de Satnam Sakhi………... 124
Capítulo 11.- Evangélicos, carismáticos, la Biblia…….. 134
    •  Nacido del Espíritu.
    •  Probando a Dios.
Capítulo 12.- Gnósticos, Martinistas y Cábala………… 160
Capítulo 13.- D. Alejandro el Chamán (Munay Ki)…… 186
Capítulo 14.- Satsang con un gran Guru Hindú.………. 195
Capítulo 15.- La New Age, Metafísica y Mandalas…… 217
    • La Gran Invocación  (oración universal)                

 

ESENCIAS
Capítulo 16.- Anécdotas y apuntes sueltos…………….. 223
    •  La silla de Saint Germain
    •  La cadera de Magda, un cáncer, etc.
    •  Taidía
    •  Una señal del Espíritu
    •  Compartiendo con Padma
    •  Cinco santos minutos con Dhayamata
    •  Habacuc
    •  La enseñanza cátara
    •  Las meditaciones
    •  En la Fortaleza de Ansite
    •  El Cristo Cósmico
    •  El arte de ensoñar
    •  Las manifestaciones de Dios
    •  La inmortalidad. Lo eterno en lo temporal
    •  Probando otros cursos y técnicas
    •  Tirando tópicos
    •  Unos vienen y otros van
    •  Marta, la pequeña maestra
    •  Una ausencia de Amor Incondicional

Capítulo Aparte.- El Ser y el Advaita Vedanta…… 273
Capítulo Final.- El salto al vacío……...……………….. 285

 

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PRÓLOGO

 

 

Experiencias con un Yogui es un relato que no se lee, sino que se bebe cual manantial de Agua Viva adaptado a los días que corren.

Hechos reales —narrados por uno de sus protagonistas— teñidos por el cristal a través del cual mira. Sucesos contemporáneos acaecidos en una ciudad cosmopolita, y protagonizados por un conjunto de personas reunidas bajo un nombre y un guía.

Prem Purusha Yoga es el nombre de un grupo dinámico de hombres y mujeres de entre 20 y 80 años de edad, con variada formación y actividad: estudiantes, amas de casa, parados, profesionales de la salud, la educación, economía, administración/gestión, vendedores de cupones, empresarios, jubilados, etc.  

Ciudadanos del mundo —reunidos con cierta frecuencia mantenida durante varios años— que experimentan, hacen prácticas, desarrollan técnicas y reciben conocimiento de muchas vertientes; palabras benditas que nutren y demuestran que «no solo de pan vive el hombre». Gente común y corriente, como tú —que ahora estás leyendo esto—, como yo, como el que escribió el libro.

Atmadeva es «El Yogui».

Persona autóctona, propia de la tierra donde se reúnen los anteriormente mencionados; un adulto joven que ha vivido intensamente y ha realizado su aprendizaje directamente de Los Maestros en distintos lugares del planeta, y en otros de acceso restringido: reservado para unos pocos.

Un enamorado de Dios que está para y por el servicio a Dios. Viviendo en el Amor Incondicional, haciendo la voluntad del Padre.

Reconoce que no es El Maestro. Pero es el Yogui; aquel cuya relación con el Padre es tal, que hace que sea él quien sabe, conoce e imparte —sin hacer distinciones— todo aquello que se necesita para ser libre. Recibiendo de todos gratitud hacia su persona por aquello de: «Bendito el que viene en el nombre del Señor».

En este relato, Premananda muestra una buena pieza de su propio recorrido vital —en parte del cual he sido partícipe y testigo—. Escrito con agudeza y en términos coloquiales a veces, a través de sus palabras se refleja ese espíritu pujante, avezado y alegre que le caracteriza. La risa brota fácilmente contagiándonos a todos. Siempre dispuesto a colaborar porque sabe ya cuál es su propósito de vida y está en ello.

En el transcurso de estos años, tanto para él como para los integrantes de un grupo —en el cual me incluyo—, ha habido un antes y un después de conocer a Atmadeva y experimentar a su lado. Nuestras vidas han sufrido una transformación, en la cual el hombre viejo ha muerto para dar paso al hombre nuevo.

Este libro quiere mostrar que un cambio es posible.

Que podemos ser liberados de las cadenas que nos atan, de todo aquello que nos conduce siempre al mismo lugar, estancado. A una vida que deseamos que cambie, sí, pero sin embargo queremos lograrlo sin modificar nuestros hábitos, nuestras costumbres, nuestra manera de ser y de pensar, nuestra manera de sentir; en fin, lo que nos ha llevado al lugar donde se está y del que se quiere salir.

Todo ello es posible, basta que tú lo creas.

Este es el camino que hemos seguido nosotros y te lo mostramos a ti, querido lector, para que veas que sí se puede. Para animarte a ser tú mismo, porque amas y eres amado más de lo que tú puedas imaginar.

Atrévete, pues, ¡da este primer paso!, conoce de primera mano cómo otros lo han logrado a través de sus «Experiencias con un Yogui»… y recibe esta Bendición.

 

Padma

UN PREFACIO COMPUESTO

 

CAPÍTULO 1

 

LA VIBRACIÓN DE ESTA BENDICIÓN

 

«Cuando tu inteligencia haya salido del espeso bosque de la ilusión, te volverás indiferente a todo lo que se ha oído y a todo lo que habrá de oírse

Bhagavad-Gita

 

***

 

El peor de los maestros es mejor que el mejor de los libros.

Un maestro aporta una experiencia importante que se puede palpar y eso es lo que cuenta. Por contra, el papel lo soporta todo sin poder mostrar nada, conceptúa y no permite verificar. Aun en el mejor de los casos, solo puede revelar una parte infinitesimal donde hay un gran todo por descubrir.

Este libro no pretende llegar a tanto. A modo de prefacio, veremos el preludio de su bendición en estos dos importantes capítulos, antesala del caldo realmente anecdótico. En general, está para remover conciencias, por cuanto es tarea consagrada a Dios y porque sé que es grano de su granero.

Más que revelación, nos deslizaremos a lo largo del trayecto: entre el relato de experiencias y la esencia que se cuela en las diversas situaciones —algunas locas y otras divertidas—, dispuestas con el propósito de expandir la conciencia del amor divino.

Amor mal entendido y un bien escaso en este mundo.

Experiencias vividas de primera mano junto a un Yogui llamado Atmadeva, cuando me adentré en esto que tan ligera e inconscientemente pronunciamos como «Yoga» y que alguno incluso asocia muy erróneamente a la llamada «Nueva Era».

Se supone que un libro puede conectar dos partes dentro de un todo, pero he de objetarme inmediatamente que, si las dos partes están en un todo, entonces ya están conectadas (en ese todo). No se puede unir algo que nunca ha estado separado. Pero haciendo inmersión en esta maya de creencia (creerse separados) insistiré en que es una herramienta que puede hacer que dos polos —que pueden parecer opuestos— entren en contacto y liberen la suficiente energía como para encender una chispa, de donde luego quizá brote la llama.

Arderá este libro en las manos de quien sepa fluir entre sus brasas, preñado de situaciones reales, cercanas e incandescentes. Narrado de una forma directa, amena, sencilla, y me critico que, en ocasiones, quizá demasiado resumida.

Se trata de un libro intenso y nutritivo, salpicado de exquisitas anécdotas, pero quizás poco digestivo para estómagos duros. ¡Para eso está la siesta! Para el que quiera seguir durmiendo después de haber recibido el alimento.

De momento manejo mejor los espacios en la letra escrita que los importantes silencios por donde camina el Espíritu en la palabra hablada, aunque el Gran Jefe también me ha puesto a ejercer en lo segundo.

Se ha utilizado el terrible pronombre personal «yo» o «mí» por la lógica necesidad, mas… las palabras —siendo aquí el medio obligatorio— suponen un enorme obstáculo (por su carácter finito) a la hora de intentar mostrar algo imposible de conceptuar, encasillar o delimitar. Tenemos ausencia de «supra-palabras» —como diría nuestro Yogui—, con el añadido de que quien lo escribe no es sabio ni maestro de nada.

Por todo ello, La Verdad —que valga la redundancia solo busca el buscador— no se puede contener en ningún libro y menos aun en este, pues el intento nace de por sí vano.

Banales son también mis explicaciones. «La enseñanza teórica está condenada al fracaso» —respondía Atmadeva al interrogarle, cuando ahondaba en esas cosas de lo no dual y el Advaita Vedanta.

Pero, siendo el único disponible por estos lares, para la tarea que resulta en estas páginas, he intentado incrustar en los limitados moldes de la letra tanto hechos como breve información que me pareció útil, por cuyas palabras a veces he quedado atrapado queriendo llegar al corazón. Y, si acaso llegase ahí el mensaje, ya se encargaría el Maestro Constructor, o Átomo Nous —como le gustó denominarlo al Maestro Moria—, de tirar de los hilos pertinentes.

Así el lector encontrará expuestas pequeñas aportaciones junto a experiencias personales, para intentar transmitir lo que habiendo recibido se puede dar… para ensanchar a otros.

Eso y esto, todo lo hace el Ser.

Si encuentras un significado que resuena en tu interior, bienvenido sea, pero, aun entendiéndolo, no se comprende hasta que no se ha vivido; incluso diría más: para mí el proceso ideal es entender, comprender y culmina en el compartir.

Es un atrevimiento creer en los espejismos. Al final, todo se te irá viniendo abajo hasta quedar «La Nada». En el último entendimiento no hay nada, y eso es precisamente lo que buscamos. Paradojas de la vida. Decir que no hay nada ya es mucho decir. 

Me gustan las paradojas, ahí suele estar Dios acurrucaíllo. No como en las flores, donde se muestra en uno de sus aspectos más apreciables —desde esta realidad física— a través del sentido de la vista: La Belleza.

En algunas partes del libro se ha bailado con tópicos, como hizo el Yogui tirando de muletas (para el camino), con la intención de allanarnos el tramo. Digamos que es como cuando uno sube por la escalera: vas subiendo peldaño tras peldaño y el anterior ya no lo ves como antes; aprecias que te haya ayudado a llegar a donde estás ahora y entonces necesitas subir al siguiente, si es que decides seguir adelante.

Todo son sucesos. Pero lo más excitante es que no hay un proceso, aunque nos empeñamos en ello —incluso mentalmente— como si lo hubiese. Esto son las técnicas. Salimos de un punto, buscamos… y acabamos llegando al mismo lugar… Eso sí, con experiencia. ¡Curioso!

Cuestionarlo todo y experimentar son consejos de Yoga.

Bueno, ya habrán huido al llegar a estas líneas quienes no tenían por qué leer las posteriores, quedando en este punto reunidos aquellos intrépidos aventureros pertrechados para un pequeño y arrollador viaje.

¡Súbanse a bordo los atrevidos, dispuestos a zarpar en este barco que ya suelta amarras y nos lleva rumbo a donde nuestro Ser Crístico quiera! Un nuevo mundo, así que echen a dormir toda idea preconcebida de este viejo mundo, abriéndose a otras posibilidades. Dejen que el viento sople y sus velas se hinchen de viento fresco, brisa sazonada con aromas que no se pueden razonar.

Es cuando se razona… que muere la creencia.

La hora de no atender a la razón sino al corazón. Ahí está el origen y ahí debemos poner nuestra atención.

—Pongan toda su atención en el corazón —repetía  Atmadeva hasta la saciedad.

Desde ahí, en la conciencia, es donde se crea. La semilla germina el óvulo, y en esa primera célula está el Creador, de hecho al chacra del corazón se le llama: «El No Tocado» o «Intocable». Por eso no existe el cáncer de corazón. Lo primero que surge en el feto es el corazón, y de ahí la lengua: importante instrumento, el cual sí que ha de ser tocado para que suene su música —su verso— como un único Universo.

Al principio de algunos capítulos encontrará el lector algunas frases, aforismos que he querido compartir, ya que reportan significados interesantes con relación a lo escrito. No me encasillen por ellas. Sean independientes de quien las haya pronunciado, sin atender a la doctrina que profesen. Quédense con el «mensaje neto», colado en valor absoluto por el corazón. ¡Olvídense del mensajero, por favor!

Por ejemplo, no soy gnóstico, pero, como dijo Max Heindel —quien renegó de una iniciación para entrar en una Orden Rosacruz, por no estar de acuerdo en guardarse para sí el conocimiento—: «Un niño ni se siente inclinado a aparentar ser sabio ni a ocultar su ignorancia sobre cualquier asunto con una sonrisa o burla. Es francamente ignorante, no tiene opiniones preconcebidas ni prejuicios».

Esta es la actitud que recomiendo para afrontar lo que te propones leer, como la de un niño a la expectativa de algo nuevo: centrado, neutro, sin prejuicio o juicio previo. Fluyendo en aquello que toca al corazón, porque es para abrir puertas. Luego la vibración sembrada crecerá en el interior sólo si uno se encarga de regarla. Así es como crece el Espíritu en uno, cuidándolo como a un bebé. No es labor de otros. En cierto porcentaje le toca a uno mismo, y en eso andamos.

Disculpen los aquí mencionados mi manía de narrar en pasado, pareciendo erróneamente como que todos hubiesen muerto al escribir estas líneas, en vez de relatar aquí y ahora aquel presente —que es lo suyo—, pero al recapitular tengo tendencia literaria a retroceder linealmente en la finita mente.

Quizá deba ser así, o mi subconsciente pretenda que este manuscrito siga leyéndose pasados los años. ¡Hágase!

¡Una responsabilidad, esta de presentar con un poco de orden unas experiencias que han nacido de antemano bendecidas! ¡Con lo desastre que es esta pluma! Pero las manos son una expresión que nos permite crear, y además, en los libros sagrados, quienes amaban al Creador no se conformaban con dar ofrenda fácil, sino aquello que les costaba un poco más. Siguiendo este ejemplo es por lo que también estamos aquí unidos en este punto.

Léelo con tranquilidad y dale a cada palabra su aliento. Y, como no se lee una vez, ¡GUÁRDALO para otro momento!

Por lo deducido hasta ahora, ya sabes que no encontrarás una sintaxis perfilada, ni un lenguaje esculpido, más bien algo coloquial, directo y sencillo.

Abandonaré la filosofía pasado este preludio, donde amarraré la rienda esperando hacer más ameno el resto del trayecto, recurriendo a hechos acaecidos realmente, donde se irán intercalando anécdotas para goce del lector curioso. Eso sí, la soltaré de nuevo cuando llegue al capítulo del Ser, porque ahí no queda otra más que experimentarlo. Escribir sobre este tema sí que es filosofar frugalmente.

Experimentar es lo que hace el Yogui.

Se dice que ya no hay yoguis como los de antes, y menos en Occidente, pero vengo a traer controversia en esto, digo que sí existen y además están aquí. Lo que toca ahora no parece que sea retirarse a la cueva a meditar. Ya tenemos el corazón para retirarnos a él y así el templo lo llevo por donde voy. Este es el porqué los sitios son sagrados o no, según entre en ellos Su Presencia. Por ello puedo encontrar La Verdad en todos lados donde haya Presencia.

Mezclarse con la sociedad y enseñar desde ella es lo que practicó con ejemplo el Guru de Kriya Yoga, Jefe de Administración y discípulo directo del Venerable Mahavatar Babaji, Charán Lahiri más conocido como Lahiri Mahasaya, dado a conocer mundialmente gracias a otro de los grandes Yoguis de ese mismo linaje, Paramahansa Yogananda.

Está bien eso de iluminarse a través de ejercicios respiratorios y meditación, pero todavía hay algo mejor: un Camino más directo, como nos mostró el Yogui Atmadeva. Y es que no es lo mismo que el hombre se haga Dios a que Dios se haga Hombre.

Este Espíritu es el que riega los siguientes párrafos. El mismo que espero sirva de acicate para que el lector avezado haga su propia exégesis con este material.

—¿Pero quiénes son estos tipos? —preguntó un chela.

La pregunta no está bien formulada.

Se trata de descubrir «QUÉ ES», no «quién es» el Yogui.

Lee de la Alfa a la Omega y quizá encuentres curiosidades, o respuestas a preguntas que aturden la mente ávida. Mas si las hallas, de esa gracia «yo» no soy fuente.

El ambiente se ha creado y la mente está ahora más abierta. Lo que tienes entre manos viene con «Su Bendición», aprovéchala, porque una bendición viva corta toda maldición —incluida la generacional—, pues hay Uno que está por encima de todo sin condición, llámese Karma o San Pito-Pato.

¡Tómala!

 

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... y cuando ya parecía abatida, remontó el vuelo.

¡Ahó!

 

TIERRA (mi Cuerpo): Indagar en lo exterior, lo lejano o más enrevesado puede hacerte perder el tiempo, el norte, o cambiar de rumbo; lo suficiente como para desviarte de tu propósito original, por el cual estás en tu exacto lugar.

 

AGUA (mi Sangre): Del manantial salen borbotones. Cuando el río fluye, genera vida a lo largo de su cauce; a derecha e izquierda. Así toda criatura se arrima atraída, a beber de sus aguas vivas. Inefable diversidad que a ambos márgenes riega una misma Fuente.

 

AIRE (mi Aliento): Es el Guru. Alejarse puede resultar contraproducente. Se observa menor riesgo en la tendencia natural que ha sido dada: transitar el sendero cercano. Y con buena guía sortear los entresijos e inhalar la mejor fragancia.

 

FUEGO (mi Espíritu): Luz y Vida por doquier. ¡Sol para todos! Sin condiciones: seas como seas, estés donde estés.

 

 

CAPÍTULO 2

 

ENSANCHAR Y SUS ANTECEDENTES

 

«El Reino de Dios no está separado del Reino de la materia, sino que se haya tanto en su interior como fuera de él

Paramahansa Yogananda

 

***

 

Las novelas me van poco. Quizá concluí mi relación con ellas de joven, cuando vendí en el rastro de Oviedo los últimos ejemplares de Agatha Christie. Eran los que por aquel entonces tenía mi querida hermana May en casa, quien, más influenciada por la afición de mi padre a la lectura, se entregaba a ella también con mayor asiduidad que yo.

Los vendía —a principios de los ochenta— bajo los amenazadores nubarrones asturianos que techaban el típico mercadillo vetusto. Mesa de campo en ristre, y junto a un amigo que se traía los poco santos cómic Víbora que se traía del estanco que regentaba su padre, lo cual era un auténtico reclamo para el bullicioso público dominguero.

Pero de eso hace ya mucho. En los últimos años, mi reclamo era otro. Al contrario de lo que le escribió Benjamín Button por carta a su hija —en aquel famoso trozo de película que decía: «nunca es demasiado tarde, o en mi caso demasiado pronto, para ser quien quieras ser»—, por mi parte venía sintiendo que llegaba tarde a eso de «evolucionar». Los acontecimientos espirituales parecían acelerarse a mi alrededor, desparramando alarmantemente la arena de un reloj que no se acompasaba a mi paso. De esta sensación, surgió la necesidad de hacer algo en tal sentido.

La prisa sin duda atrae más prisas. En esa espiral parece  involucionar el esclavo del tiempo: el que vive para morir, pues tal y como cree él mismo: «la muerte es cuestión de tiempo».

Pero eso no es para mí. Concluí que el tiempo también está hecho para el hombre, como el sábado para los judíos, y no al revés. El asunto es «Vivir El Momento», porque el momento es sagrado. Un maestro de Advaita aludiría a «poner la atención en El Presente» y el buen sufí —se referiría al que así se ejercita— como un «Hijo del Momento».

Llegué a tal comprensión con ayuda de las costumbres canarias. En estas islas todo es...